El artículo Digging Deep: Resource Exploitation and Higher Education (Excavando profundo: Explotación de recursos y educación superior) publicado recientemente en la revista World Development, analiza cómo los shocks positivos en el sector de recursos naturales afectan las decisiones de educación superior en zonas mineras. La respuesta a esta interrogante no es tan clara. Por un lado, un aumento del precio del cobre, por ejemplo, puede hacer que ciertas familias gocen de mayores ingresos puedan decidir enviar a sus hijos a la universidad. Por otro, un aumento en el precio del cobre puede hacer más atractivo encontrar un trabajo, sobre todo si esta bonanza viene de la mano con mayores sueldos. Esto puede hacer que los potenciales estudiantes opten por integrarse al mercado laboral y no quieran continuar sus estudios. Los autores se enfocan en el caso de Chile durante el boom minero de los años 2000 para responder a esta pregunta empírica, y los resultados parecen depender del nivel socioeconómico de los estudiantes.
“Matrícula tardía”
A través del cruce de datos administrativos de más de tres millones de egresados de enseñanza media entre 2006 y 2018, con información del precio internacional del cobre e indicadores geográficos sobre riqueza minera en el territorio nacional, la investigación arroja un dato positivo: el mayor precio del cobre incrementa la probabilidad de incorporarse a la educación superior en zonas mineras.
No obstante, se trata principalmente de matrícula tardía (es decir, un tiempo después de graduarse de la educación secundaria) y se orienta hacia programas técnicos y vocacionales, probablemente más alineados con las necesidades del sector extractivo. Aquí la académica relata que “el que se trate de una matrícula tardía no es un resultado negativo, tampoco positivo. Nuestros resultados sólo indican que los estudiantes, en promedio, parecen estar tomándose un tiempo entre el término de cuarto medio y el ingreso a la educación superior, el cual puede ser para estudiar más para un ingreso a la educación superior, o para trabajar un poco antes, o hacer nada. Lo importante es que existe una mayor probabilidad de ingresar a la educación superior, sobre todo para estudiantes que parecen ser de ingresos medios”. Este es uno de los principales hallazgo del artículo, la heterogeneidad socioeconómica en estas decisiones, algo que a juicio de la autora no se había explorado antes.
Al mismo tiempo que aumenta la probabilidad de ingresar a la educación superior, sin embargo, los autores también observan un aumento en la probabilidad de deserción, principalmente de programas profesionales (de cuatro años o más), en zonas mineras. Este aumento en la probabilidad de no terminar la carrera universitaria parece afectar principalmente a estudiantes que estudiaron su enseñanza media en establecimientos públicos, generalmente asociados con familias de ingresos más bajos. Los autores señalan que este resultado va de la mano con que el boom minero eleva el costo de oportunidad de estudiar, ya que los beneficios de obtener mayores salarios y oportunidades laborales constituyen se convierten en un desincentivo para estudiar. En otras palabras, la minería se vuelve tan atractiva que supera los beneficios futuros de terminar una carrera larga.
Esta investigación es una alerta para aquellos países, como Chile, con alta dependencia de la extracción de recursos naturales, respecto a la potencial movilidad social que pueda existir en zonas mineras. También puede ser un llamado a diseñar políticas orientadas a fomentar la formación académica de los jóvenes con perspectivas de largo plazo en estas zonas.