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13 Agosto, 2007

J. Ramos: CÓMO ENFRENTAR EL SALARIO ÉTICO

(La Tercera 10/08/07) Podríamos comenzar fijándonos una meta menos ambiciosa: una asignación “éticamente familiar” que hiciera llegar el ingreso familiar a $ 200

(La Tercera 10/08/07) Podríamos comenzar fijándonos una meta menos ambiciosa: una asignación “éticamente familiar” que hiciera llegar el ingreso familiar a $ 200.000, con un costo fiscal mucho menos oneroso.


Se ha despertado bastante polémica en estos días por la sugerencia del obispo de Rancagua, Monseñor Alejandro Goic, que el salario mínimo actual, de $144.000 al mes, dista de lo que podría ser un salario digno o ético, que él considera se acerca más a $250.000.


Dos consideraciones. Primero, hay que reconocer que el salario mínimo es claramente insuficiente para cubrir los gastos mínimos de una familia. El propio MIDEPLAN estima las necesidades más elementales de una familia de 4 (la línea de pobreza) en aproximadamente $180.000 al mes, cifra bastante superior al salario mínimo. Por cierto, la familia media tiene 1,5 de sus miembros en la fuerza de trabajo, con lo que su ingreso familiar sería $226.000. Mas muchas familias solo tienen a uno de sus miembros trabajando.
 
Segundo, es imperioso reconocer que la obligación de asegurar que ninguna familia viva con menos del salario ético recae sobre la sociedad en su conjunto y no sobre la empresa en particular que lo contrata.


Mas ¿qué pasaría si subiéramos el salario mínimo a $250.000 para todas las empresas, y no solo, como en su propuesta, a las empresas que “pueden” pagarlo? Como ninguna empresa está obligada a contratar mano de obra, a ese salario muchas empresas dejarían de contratar, es más despedirían personal, en especial, las PYMEs. No es exagerado pensar que el desempleo subiera 10 puntos a 17%, precio que pocos de nosotros quisiéramos pagar, y muy en especial los con sentido social como monseñor Goic.


¿Es totalmente utópìca la propuesta, pues? Sí y no. La verdad es que el efecto negativo sobre el empleo se da si se hace recaer sobre la misma empresa que contrata al trabajador el costo de pagar ella el salario “ético”, de $250.000. En cambio, si la sociedad considerara poco ético que un trabajador (al menos una jefa o jefe de hogar con 3 dependientes) ganara  menos de $250.000, el estado podría suplir el salario pagado por la empresa con una “asignación ético-familiar” para que juntos alcanzaran al salario ético. Así el trabajador recibiría $250.000 al mes, mientras que la empresa solo pagaría el salario de mercado. De ahí que la empresa no tendría incentivo para despedirlo o dejar de contratarlo.


Pero de un problema de empleo pasaríamos a tener un problema fiscal, pues pagarle a tantos trabajadores (sobre 2.5 millones ganan menos de $250.000 al mes) una asignación que llevara su salario al salario ético podría costar del orden de US $3.000 millones al año! Incluso si lo limitáramos a jefes de hogar esa cifra sería bastante superior a $US 1.000 millones. A ello habría que agregarse (algo técnico) que para evitar incentivos perversos, cada $1.000 millones a quienes queremos beneficiar, hacen necesario pagar del orden de $500 millones adicionales a personas que no son tan necesitados. O sea, estaríamos hablando de elevar el IVA en tal vez 2 o más puntos (y solo para que las jefas y jefes de hogar, y no todos los trabajadores, ganaran el salario ético).


Por eso podríamos comenzar fijándonos una meta menos ambiciosa – una asignación “etica-familiar” que hiciera llegar el ingreso familiar a $200.000, con un costo fiscal mucho menos oneroso. No obstante, debemos recordar que si es verdaderamente ético, debemos hacerlo!   

Descargar columna Joseph Ramos.