Noticias

10 Abril, 2007

Opinión: MIOPÍA Y ESQUIZOFRENIA DE LA POLÍTICA ECONÓMICA CHILENA

(La Tercera 6/4/07) La política económica chilena está enferma

(La Tercera 6/4/07) La política económica chilena está enferma. Y aunque no moribunda, su estado exige cuidado. Los síntomas sugieren miopía y esquizofrenia. 

Mal de muchos, consuelo de tontos, pero reconozcamos que la agudeza visual y mental tampoco han caracterizado a la política económica en el vecindario, pasada o reciente. De todos modos, continuar comparándonos con los vecinos desnuda otra patología nacional: la complacencia. No discutamos por lo tanto la relevancia de esta comparación; sí convengamos que – aprovechando el auge de las maratones, con nutrida participación de parlamentarios y funcionarios públicos del área económica - una comparación fructífera es con nosotros mismos. En este sentido, lamentablemente, hemos avanzado poco durante la última década. 

Chile se alejó de la región en materia económica liderando reformas, todavía por muchos cuestionadas. El mérito es tanto del gobierno militar, que las implementó, como de los gobiernos de la Concertación, que las preservaron y perfeccionaron. Algunas señales recientes, sin embargo, deberían preocuparnos. 

Primero, la miopía. Una patología gubernamental usual es la desidia por lo que ocurra una vez terminado el periodo en ejercicio. El problema es que las buenas políticas requieren tiempo para materializar sus beneficios. Esto, sumado a los costos iniciales que típicamente las acompañan, llevan a los gobiernos a adoptar decisiones muchas veces indeseadas en un horizonte más extenso de tiempo. Y esta miopía no ataca solamente a los gobernantes que entregan el poder a un conglomerado opositor, como quedó de manifiesto con los problemas que la Presidenta Bachelet heredó del gobierno anterior. Chile ha avanzado al diseñar instituciones atemporales, como un banco central independiente y una política fiscal definida estructuralmente. Pero el ejemplo del Transantiago nos recuerda este mal. Sabemos que, más allá de los problemas tecnológicos y los errores de diseño que han agregado lomos de toro a los buses acordeón, la razón tras el fracaso del sistema de transporte fue que se implementó antes de estar listo. Al parecer los contratos encarecían en exceso, de acuerdo a la evaluación de Hacienda, el costo de una nueva postergación. Pero si al suscribir estos contratos, el gobierno anterior hubiese incorporado el riesgo de no alcanzar a implementar el proyecto a tiempo, lo más probable es que nuestras calles todavía serían amarillas, y que muchos chilenos continuarían durmiendo las 8 horas diarias recomendadas. 

Aunque la caída brusca en los niveles de popularidad del ex Presidente Lagos reducirá el incentivo de futuras administraciones a imponer el corto por sobre el largo plazo, debemos continuar avanzando en el diseño de reglas institucionales que eviten el corte excesivo de cintas. 

En el caso de los mercados privados, sin embargo, el problema es opuesto al que enfrentan los gobiernos. Para funcionar adecuadamente necesitan flexibilidad. Y en esta materia las incongruencias de la política económica reciente han evidenciado una segunda enfermedad: la esquizofrenia. El acuerdo comercial con Japón suscrito la semana pasada ilustra. 

Con este Tratado de Libre Comercio, Chile se transforma en la economía más integrada del mundo, con acuerdos con los cuatro bloques económicos principales, que involucran a 90% de nuestras exportaciones y que abarcan 85% del producto mundial. Las oportunidades que provocan estos acuerdos son inconmensurables, pero para aprovecharlas, se requiere flexibilidad. Los avances tecnológicos, en un contexto globalizado, han exacerbado la importancia del cambio. Este, gobernado por la incertidumbre, es hoy inevitable. Pero aceptar el cambio exige aceptar la flexibilidad, porque en el centro de cualquier medida dirigida a enfrentar la incertidumbre, está la flexibilidad. Los ejemplos son ubicuos: la teoría de las opciones reales en finanzas corporativas o el principio de indeterminación de Heisenberg en el ámbito de las ciencias naturales y del estudio del comportamiento organizacional. Distintas teorías para un mismo concepto: mientras mayor es la incertidumbre, mayor es la contribución de la flexibilidad.

Por ejemplo, si en materia energética hubiésemos entendido esto a mediados de los 90s, no amarrando nuestra dependencia con Argentina y el gas natural, la economía chilena habría crecido varias décimas más el año pasado. Además, probablemente la actual ministra de Minería continuaría cargando dos títulos sobre su espalda.  

Pero si bien la flexibilidad promueve mayores ganancias sostenidas, lo hace al costo de un corto plazo más inestable. La solución, sin embargo, no radica en rigidizar lo mismo que hemos flexibilizado, sino en complementar estas políticas de largo plazo con otras que entreguen las herramientas necesarias para defenderse de los costos iniciales, a través del mismo mercado. Los ejemplos abundan: necesitamos ingresos estables, a través de un seguro de desempleo efectivo, no empleos estables mediante costosas indemnizaciones; necesitamos un mercado de capitales profundo, no créditos subsidiados y luego perdonados. 

Es incoherente pretender eliminar los temores y riesgos que acompañan a la incertidumbre erigiendo barreras que rigidizan los mismos mercados que las políticas de integración exigen flexibilizar. Esta esquizofrenia puede acabar eliminando los beneficios de largo plazo que con estas políticas buscamos alcanzar.